Está esa nada
que es noticia en los
periódicos,
que sube y baja,
y da vueltas como un
carrusel,
que parpadea imitando a un
semáforo
y toca el claxon de los
coches.
Pero de nuestra nada nadie
habla:
hay noches, sin embargo,
que duermo en portales
y ceno palabras vacías en trenes perdidos
en una ciudad fría a la que llegué
menos orgullosa que caliente,
en una ciudad que se ríe de nuestra nada,
que se ríe de las huidas y
los retardos
de los que
fingimos ser valientes.