A día de hoy, el cielo sigue
sobre nosotros,
las personas de esta ciudad se
miran los zapatos al caminar
los perros ladran por el día, y
las cabinas
de teléfono chirrían cuando la noche ya no es noche.
He buscado el olvido en cada
portal, en cada estación
y todos esos lugares eran una
mentira de los mapas.
El mayor de los miedos se
cumplió: sonó un adiós
y el cielo no se rompió en añicos.
A día de hoy, llueve y no llueve
en esta casa
las goteras anidan como pájaros
en nuestra cabeza
las hojas de los cuadernos mancharon de tinta
todo lo que aún estaba limpio
y nos arrancaron las palabras piel por piel, entraña por entraña.
Sé que no fue por ti, pero
había que buscar un culpable.
Y ahora qué voy a hacer,
ahora que sé que el final sigue
siendo el fin
y que, a pesar de lo que creímos,
el cielo, y las gentes, y los
perros, y las cabinas,
y el mundo… El mundo seguirá ahí.