Éramos la puta y el poeta de aquella película.
En esa jaula con vistas a la plaza aprendí a volar
sin alas sabiendo que no llegaría más allá de tu balcón.
En lo que será un intento fallido,
arranco las hojas de los libros,
las esparzo por el suelo,
y espero a que la poesía me impulse a salir de esta cueva,
recorrer las calles, presentarme en tu casa
y gritarte que valía más la mentira
que todos los silencios que guardas.
Me engaño más que fumo
y ya llevo siete cigarros.
El teléfono sólo espera que borre tu nombre,
y la agenda, y los diarios nocturnos
y toda esta mierda que quiero que me impulse y no lo hace
porque sabe que a errores gano yo
y no la necesito a ella para matarme:
no quiere ser cómplice
y culpable de este infierno.
No, de lo que sea, pero de eso no.
Tendré que barrer este desastre,
o abrir la ventana y dejarlo volar.
Y seguir inhalando mentiras
estaciones
y humo.
Piel de gallina, Inde. Adoro la sensación que me invade cuando termino de leerte.
ResponderEliminarTe mando un besazo, guapa. Sigue así.