miércoles

Circo

Esta mañana volvió a llover.
Me he cansado de escuchar los gritos tiranos
de las gotas que quieren derrumbar 
nuestra casa de barro.
Te he dejado las buenas noches 
en la nevera, por si quieres cenar.
Habría que incendiar la ciudad 
y todas las canciones con ella.
Este desastre solo es una montaña 
de mentiras pegadas con saliva
e insomnio. Apuñalamos a la verdad
y para curarla le pusimos tiritas.
Se desangró.
Hay fuegos artificiales, aplausos,
luces que nos señalan la salida,
asuntos por cerrar.
Cariño, esto es una maldición:
ni dios quiere dejar el juego 
ni quiere bajar el telón.

jueves

Vino.

Nos hemos ahogado en tantos mares
que las palabras nos saben a salitre.
Hay océanos que no conocen nuestros nombres
y vientos que los susurran como escalofríos.
El humo del cigarro dibuja futuros
que nunca alcanzaremos porque vuelan alto
y escapan de nuestras manos
como globos en la feria del pueblo
como niños jugando al escondite.
No tengo miedo al invierno,
y este incendio
se acerca más al cielo que al infierno.
He roto la cadena que llevaba
desde mi voz a tus venas
y no sé si llueve fuera o soy yo
que me he vuelto a olvidar la primavera.
Y seguimos nadando
como naúfragos que saben 
que hay tablas hundidas
por el peso de los quizás
que se nos caen 
de los bolsillos:
soy tu única condena,
amor.
Y tú con promesas de comedia
me hilas las heridas
que me desgarro en tus esquinas.
Has dejado de inventar desenlaces
el nudo nunca se deshace
y vuelta a empezar:
me salvas de tantos mares
que las palabras te saben a sal.