sábado

10:20

La niebla rompe la ciudad en dos,
silencia la mañana con su humedad,
repican las campanas una canción horrible.

Crujen las vías un dolor indescriptible.
Un señor mira su reloj, sus agujas dejaron de marcar las horas
para marcar los años, los daños de la memoria.

Para el tren en el andén, pasajeros que bajan
y suben como héroes que vuelven gloriosos,
en sus maletas las mejores batallas
en la mía palabras baratas.

A través de esta ventana todo es frío y velocidad.
Árboles que cantan a una primavera pasada,
carreteras atascadas, humo y ruido, ruido y humo.

Los edificios de una ciudad próxima se hacen gigantes
y, un instante después, desaparecen,
como motas de polvo.

Dejar el mundo atrás, seguir el viaje,
maldecir casi rezando la distancia y el tiempo:
monotonía de lo interminable.

Nunca llega la próxima estación,
nunca la hora,
nunca el silencio,
el instante.

Y, poco a poco, buscamos refugio en el horizonte
huimos de la espesura del amanecer

como perros abandonados en la calle.

lunes

Resumen del silencio

Se me olvidó escribir.
No recuerdo cuando empezó el invierno
ni sé cuando acabará
pero promete ser más frío.
Me confesaste que hacer arder esta ciudad 
es sólo una forma de ahuyentar lobos,
que huir de ellos es la excusa de los cobardes.
Y yo estoy harta de salir corriendo,
esta cueva no es lugar para esconderse
ni tengo miedo a este incendio.
Prefiero esperar entre cenizas.
Vendrás con el frío del norte 
a arrancarme las palabras
volverá el verano a tirar piedras a mi ventana.

miércoles

Es de día, lo sé, 
lo dicen los coches parados en los semáforos,
la rutina de sus ruedas
camino no se sabe a dónde,
chirriando, golpeándome la cabeza
con su monotonía.
El sol entra por una rendija de la persiana
para anunciar la noticia:

en esta habitación siempre será de noche.
Una nueva guerra se grita en las calles,
la ceniza dibuja miseria por el suelo del salón,
los espejos se empañan de terror,
la maldita humedad de esta ciudad 
empapa a los perros de la calle,
el reloj va matando las estaciones.
Tic-tac.
Tic-tac.
Asfixia.
Tengo miedo al fin, y esto es un fin.
Lo anuncian los periódicos vespertinos,
se perfila en las miradas grises,
en las palabras de los cuadernos amarillos,
en los teléfonos descolgados,
en el grifo abierto, las gotas cayendo
poco a poco
una a una
Ahogo.
Esto es un fin. Un fin sin intención de morir,
agonizante, moribundo, pero aún vivo.
Un fin que infecta el aire y a quien le bese.
Un fin como una enfermedad crónica,
al fin y al cabo, como un silencio eterno.

Circo

Esta mañana volvió a llover.
Me he cansado de escuchar los gritos tiranos
de las gotas que quieren derrumbar 
nuestra casa de barro.
Te he dejado las buenas noches 
en la nevera, por si quieres cenar.
Habría que incendiar la ciudad 
y todas las canciones con ella.
Este desastre solo es una montaña 
de mentiras pegadas con saliva
e insomnio. Apuñalamos a la verdad
y para curarla le pusimos tiritas.
Se desangró.
Hay fuegos artificiales, aplausos,
luces que nos señalan la salida,
asuntos por cerrar.
Cariño, esto es una maldición:
ni dios quiere dejar el juego 
ni quiere bajar el telón.

jueves

Vino.

Nos hemos ahogado en tantos mares
que las palabras nos saben a salitre.
Hay océanos que no conocen nuestros nombres
y vientos que los susurran como escalofríos.
El humo del cigarro dibuja futuros
que nunca alcanzaremos porque vuelan alto
y escapan de nuestras manos
como globos en la feria del pueblo
como niños jugando al escondite.
No tengo miedo al invierno,
y este incendio
se acerca más al cielo que al infierno.
He roto la cadena que llevaba
desde mi voz a tus venas
y no sé si llueve fuera o soy yo
que me he vuelto a olvidar la primavera.
Y seguimos nadando
como naúfragos que saben 
que hay tablas hundidas
por el peso de los quizás
que se nos caen 
de los bolsillos:
soy tu única condena,
amor.
Y tú con promesas de comedia
me hilas las heridas
que me desgarro en tus esquinas.
Has dejado de inventar desenlaces
el nudo nunca se deshace
y vuelta a empezar:
me salvas de tantos mares
que las palabras te saben a sal.

martes

El Minotauro.

Para las norteñas.
 
 

Ahora, convertida en piedra, 
lloraré hasta la erosión
y el eco que reste repetirá tu voz
como todas esas canciones que murmura el viento
allá, fuera de esta cueva.
La poesía es esa religión
que trae el dolor y te saca los rezos
cada mañana
para pagártelo por las noches con un poema
y, dime, ¿te ha valido la pena?
Ahora, me esconderé en el silencio,
seguiré el hilo de ida para no perderme
y no despertar al monstruo que duerme
en este laberinto. No quiero que me veas así:
matando lo que un día nos hizo sentir semi-dioses.


(La culpa de la última palabra 
del último verso para Laura)

domingo

La soledad es un gusano
que se esconde en nuestro corazón
y lo enreda con su seda hasta la asfixia.

**
Como un estallido, una carcajada, un grito,
una pedrada, un disparo, un golpe, un relámpago:
así ha empezado a llover.

**

Los recuerdos son cristales
escondidos en la alfombra
que lleva a la sala de espera.

martes

La ausencia sólo se salva con la muerte
y esperar a los ausentes se reduce a la vida.

De puertas y ventanas para irse

Un día decidimos perdonarnos los errores
porque ya no había nada que salvar.
"Estaría bien olvidarnos. 
Tú primero", dijiste, y lo hice.

La felicidad nos miraba desde la puerta,
escondida, con cara de muñeco roto
que pide que juguemos una última vez con él 
antes de tirarlo a la basura junto a todo.

Huiste a la ciudad donde el anonimato te salva
y dejas dormir a la esperanza contigo
todos los sábados, con distintas bocas.


"Yo no soportaré otro invierno", rezaba.
Y terminé ahorcándome con los cordones de tus zapatos,
para evitar las ganas de morirme en cada latido.