viernes

Está esa nada

que es noticia en los periódicos,

que sube y baja,

y da vueltas como un carrusel,

que parpadea imitando a un semáforo

y toca el claxon de los coches.

Pero de nuestra nada nadie habla:

hay noches, sin embargo, que duermo en portales

y ceno palabras vacías en trenes perdidos

en una ciudad fría a la que llegué

menos orgullosa que caliente,

en una ciudad que se ríe de nuestra nada,

que se ríe de las huidas y los retardos

de los que fingimos ser valientes.

martes

Laura

Rezo a Dafne rogándole ser un árbol,
sonríe llorando flores:
-ya lo eres. Ya son tus ojos madera podrida.
Ya has echado raíces en una agonía,
ya fluye en tu boca la savia ácida.
Árbol triste,
lleno la casa de laureles
mientras tú trepas por la muerte-
Y ríe,
y llora, 
y canta,
y con sus hojas inunda jardines verdes.
-No hay paz en la belleza. 
No hay pena en los colores.
Tú laurel, yo hedera.
Mata quien no muere.

Décadas.

"Veinte abriles derrotados 
en la guerra del destino."
 A. González

Temo a la muerte tanto como a la vida
y morir viviendo mientras muero,
y la vida sólo huye si muere,
y la huída es todo lo que espero.

Espero su sombra y su fantasma,
y su apellido me cierra la garganta,
y esputo sílabas sin sentido
y sinsentidos que guardan sus palabras.
Espero su presencia ausente,
espero quemarme en la mar omnipotente, 
omnipotente como un dios silencioso
que mata y muere olvidándose de nosotros.

Difícil es tener el olvido como único recuerdo,
no amar hasta perder la vida que olvido,
cada año más por cada año menos,
y muero,
y busco, 
y espero,
y olvido.

jueves

No le digáis que va a morir.

Tengo un miedo terrible a los puntos y finales:
recuerdan a la muerte sin dolor, a la muerte sin sabor,
a la muerte sin gracia y sin ser muerte...
La -última- estrofa muere sin saber que ha muerto:
por eso me acora acabar un verso tan súbitamente,
como si le hiciera creer que le sucederán tres puntos,
como si en lugar de whisky le pusiera arsénico,
con hielo, claro: nadie se tomaría un arsénico caliente;
como si "mañana te llamo" y posteriormente empujarlo por un precipicio...
Pero.

miércoles

Vacío.

 "Nada va haber ente la nada y tu."
A. González
Quisiera escribir un poema, largo como la distancia entre el sinfín mediocre de un abismo
y el negro de tus ojos.
Podría hablar del frescor de las fresas en abril, lluvias para otros.
O del frío ensordecedor de las sábanas mojadas por el sudor de una noche de sábado
en la que la barra sirve de celestina entre mis caderas y los labios de algún perdido
como yo... Podría,
podría y así pasan
las horas.
Pero me quedo sin palabras. Los poetas llenarían la carretera entre Madrid y Albacete
de versos,
yo suelo llenarla de sueño y hambre, de esperanza maquillada de lujuria, a veces, cuando llego a la Estación Sur,
y de pesada melancolía cuando subo a otro autobús destino Castilla con las manos llenas de nada.
Nada, y más nada.
Besos llenos de nada, palabras llenas de nada, miradas que... Nada.
¿cómo puedo hablar de la nada si no hay nada que decir?
Te escribo una carta en blanco,
mientras me observas, desde muy lejos ya, y musitas sonrisas que terminan
entre la nada y tu perilla.
Preguntas:
- ¿Algo más que añadir?
- Para decir adiós, mejor nada...
Buenas lunas, señor.

A I. Escribano. Por aspiraciones frustradas...