martes

Laura

Rezo a Dafne rogándole ser un árbol,
sonríe llorando flores:
-ya lo eres. Ya son tus ojos madera podrida.
Ya has echado raíces en una agonía,
ya fluye en tu boca la savia ácida.
Árbol triste,
lleno la casa de laureles
mientras tú trepas por la muerte-
Y ríe,
y llora, 
y canta,
y con sus hojas inunda jardines verdes.
-No hay paz en la belleza. 
No hay pena en los colores.
Tú laurel, yo hedera.
Mata quien no muere.

Décadas.

"Veinte abriles derrotados 
en la guerra del destino."
 A. González

Temo a la muerte tanto como a la vida
y morir viviendo mientras muero,
y la vida sólo huye si muere,
y la huída es todo lo que espero.

Espero su sombra y su fantasma,
y su apellido me cierra la garganta,
y esputo sílabas sin sentido
y sinsentidos que guardan sus palabras.
Espero su presencia ausente,
espero quemarme en la mar omnipotente, 
omnipotente como un dios silencioso
que mata y muere olvidándose de nosotros.

Difícil es tener el olvido como único recuerdo,
no amar hasta perder la vida que olvido,
cada año más por cada año menos,
y muero,
y busco, 
y espero,
y olvido.

jueves

No le digáis que va a morir.

Tengo un miedo terrible a los puntos y finales:
recuerdan a la muerte sin dolor, a la muerte sin sabor,
a la muerte sin gracia y sin ser muerte...
La -última- estrofa muere sin saber que ha muerto:
por eso me acora acabar un verso tan súbitamente,
como si le hiciera creer que le sucederán tres puntos,
como si en lugar de whisky le pusiera arsénico,
con hielo, claro: nadie se tomaría un arsénico caliente;
como si "mañana te llamo" y posteriormente empujarlo por un precipicio...
Pero.