martes

De puertas y ventanas para irse

Un día decidimos perdonarnos los errores
porque ya no había nada que salvar.
"Estaría bien olvidarnos. 
Tú primero", dijiste, y lo hice.

La felicidad nos miraba desde la puerta,
escondida, con cara de muñeco roto
que pide que juguemos una última vez con él 
antes de tirarlo a la basura junto a todo.

Huiste a la ciudad donde el anonimato te salva
y dejas dormir a la esperanza contigo
todos los sábados, con distintas bocas.


"Yo no soportaré otro invierno", rezaba.
Y terminé ahorcándome con los cordones de tus zapatos,
para evitar las ganas de morirme en cada latido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario